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Derechos y confianza

Buen trato y derechos: la persona sigue decidiendo

Preguntas y hábitos para cuidar la autonomía, la privacidad y la confianza con el equipo de una residencia.

Lectura de 6 minutos · Actualizada el 15-10-2026

Necesitar ayuda para bañarse, caminar o recordar los remedios no le quita a nadie el derecho a decidir sobre su propia vida. Esa idea está en el centro del buen trato a las personas mayores, en la casa y en una residencia. Esta guía te propone preguntas y hábitos sencillos para que tu mamá, tu papá o tu tata siga siendo protagonista, para construir una relación de confianza con el equipo que la cuida y para saber dónde acudir si algo te preocupa.

La persona mayor es la primera voz

Cuando una familia empieza a buscar residencia, es fácil que las conversaciones ocurran entre los hijos, por teléfono, sin la persona presente. Vale la pena detenerse y preguntarle directamente:

Si tiene dificultades para comunicarse, por audición, por un accidente cerebrovascular o por una demencia, busca formas de incluirla: frases cortas, apoyos visuales, más tiempo para responder, o la ayuda de alguien que la conoce bien. La edad, por sí sola, no quita la capacidad de opinar ni de elegir.

Es normal que aparezcan sentimientos encontrados: alivio, culpa, tristeza o enojo. Nombrarlos ayuda a conversar mejor. La guía cómo conversar con tu familiar sobre una residencia profundiza en ese momento.

Cómo se ven los derechos en la rutina

El reglamento de los ELEAM (hoy el Decreto 20 del MINSAL) contempla una carta de derechos y deberes de las personas residentes, el consentimiento voluntario de ingreso y un procedimiento para sugerencias y reclamos. Son herramientas que ordenan la convivencia y que las residencias suelen explicar con gusto.

Más allá de los papeles, lo que importa es cómo se viven esos derechos en el día a día. Algunas preguntas para la visita o para una reunión con la dirección:

Las respuestas con ejemplos concretos («la señora Ana prefiere desayunar tarde y le guardamos su bandeja») dicen más que un documento.

La información de salud también es personal

Los antecedentes médicos son datos sensibles y pertenecen a la persona. Antes de enviar exámenes o la epicrisis, pregunta para qué se necesitan y quién los va a ver. En la primera consulta normalmente basta con contar cómo se desplaza y qué apoyo necesita.

Algunos hábitos que cuidan a todos:

Una relación de confianza con el equipo

Las cuidadoras, TENS, enfermeras y directivos de una residencia trabajan muchas horas para que las personas estén bien. La mayoría agradece a las familias que se acercan con preguntas claras y respeto. Algunas ideas para construir esa relación:

Si algo te preocupa, conversa con hechos

Puede pasar que notes un cambio: tu mamá está más callada, tiene un moretón, bajó de peso o se queja de algo. Lo primero es tomarlo en serio y conversarlo con calma:

  1. Anota qué observaste, cuándo y quiénes estaban.
  2. Pide una conversación con la persona responsable o la dirección.
  3. Cuenta lo que viste sin acusar: «Notamos esto, queremos entender qué pasó».
  4. Escucha la explicación y acuerden qué se hará y cuándo vuelven a hablar.
  5. Guarda por escrito los acuerdos.

En la gran mayoría de los casos, una conversación así resuelve la duda o mejora el cuidado. Si no hay respuesta o la situación se repite, usa el procedimiento de reclamos de la residencia.

Dónde acudir fuera de la residencia

Hay canales oficiales para orientarte:

Si una persona corre peligro inmediato, no esperes: protegerla es lo primero. Esa es la única advertencia de esta guía, y es importante.

Ejemplo: una preocupación bien conversada

La señora Elena, de 88 años, vive en una residencia en Talca. Su hijo, que vive en Santiago, notó en dos videollamadas que estaba triste y no quería salir de su pieza. Llamó a la residencia y pidió hablar con la directora técnica. Ella le contó que había cambiado la compañera de pieza y que la señora Elena extrañaba a su amiga. Juntos acordaron cambiarla a una pieza cerca de su amiga y sumarla al taller de tejido que antes disfrutaba. A las dos semanas, el hijo la vio sonriendo en la llamada del domingo.

Visitas que acompañan

Después del ingreso, las visitas son una forma muy concreta de buen trato. No es necesario que cada encuentro sea una revisión. Basta con estar, conversar, salir a tomar un helado o mirar fotos. Pregunta de vez en cuando, en privado, cómo se siente y qué cambiaría. Y respeta si algún día prefiere descansar.

Si tu familia vive en otra región, una llamada a la misma hora cada semana o una videollamada con ayuda del equipo puede sostener el vínculo. La guía primer mes en la residencia tiene ideas para esa etapa.

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