Cuando tu mamá o tu papá prefiere seguir viviendo en su casa, muchas familias deciden contratar a una cuidadora o a un cuidador para algunas horas del día, para la noche o para toda la semana. Es una decisión que puede funcionar muy bien si se prepara con cariño y con orden. Esta guía te ayuda a definir el trabajo, elegir la modalidad, organizar los turnos y dejar acuerdos claros, pensando tanto en la persona que recibe apoyo como en quien lo entrega.
Empieza por describir el trabajo
«Cuidar a mi mamá» puede significar cosas muy distintas. Antes de publicar un aviso o llamar a una empresa, anota qué se necesita realmente en un día normal:
- Compañía: conversar, acompañar a caminar, ir a la feria o al consultorio.
- Ayuda cotidiana: vestirse, bañarse, ir al baño, comer, levantarse de la cama.
- Labores de la casa: cocinar, lavar ropa, hacer aseo.
- Tareas de salud: dar remedios ya preparados, controlar la glicemia, hacer curaciones, cambiar sondas.
Las primeras tres las puede hacer una persona con experiencia y buena disposición. Las tareas de salud requieren más cuidado: pregunta al equipo del Cesfam o al médico tratante cuáles puede hacer alguien sin formación técnica y cuáles conviene que haga una TENS o una enfermera. Así evitas pedirle a alguien algo para lo que no está preparado.
Describe también el entorno: si hay escaleras, si la casa tiene baño adaptado, si hay que salir a controles con frecuencia y qué materiales están disponibles (silla de ducha, alza baño, cama clínica). Esa información ayuda a quien postula a decidir si el trabajo le acomoda.
Elige la modalidad que corresponde
En Chile hay dos caminos frecuentes:
- Contratar directamente a una persona. Cuando trabaja en la casa, haciendo labores del hogar y de cuidado para la familia, normalmente corresponde a un contrato de trabajadora o trabajador de casa particular, con sus reglas de jornada, descansos, cotizaciones y contrato escrito.
- Contratar un servicio a una empresa o institución. En este caso la empresa es la empleadora, envía al personal, organiza reemplazos y te cobra una tarifa por el servicio.
La modalidad depende de las funciones y de cómo se organiza el trabajo, no del nombre que aparezca en un aviso. La Dirección del Trabajo tiene información clara sobre los derechos del trabajo de casa particular y puedes consultarla directamente si tienes dudas sobre tu caso.
Sueldo y tarifa no son lo mismo
Como referencia legal, la Dirección del Trabajo informa que el ingreso mínimo mensual para personas de 18 a 65 años es de $553.553 desde el 1 de mayo de 2026. Es el piso legal para una jornada completa, no un precio de mercado del cuidado. El costo real de contratar incluye además cotizaciones previsionales y de salud, el seguro que corresponda, vacaciones, reemplazos y, a veces, alimentación o movilización.
Si contratas a una empresa, en cambio, recibirás una tarifa por hora, por turno o mensual que ya incluye su organización. Pide que te detallen qué cubre: reemplazos, supervisión, materiales y qué pasa si la persona asignada se enferma. Para hacer cuentas con distintas combinaciones de horas y días, usa la calculadora del sitio.
Arma una semana que se pueda sostener
Dibuja una semana completa, con mañana, tarde y noche, y pon quién cubre cada bloque: la cuidadora contratada, cada familiar, un centro de día o un programa municipal. Incluye los fines de semana, los feriados y las vacaciones. Una persona que vive en la casa también tiene derecho a sus descansos; no está disponible las 24 horas.
Un ejemplo: la señora Rosa, de 84 años, vive en La Florida. Su hija trabaja en el centro y su hijo vive en Rancagua. Contrataron a una cuidadora de lunes a viernes durante el día; las noches las cubre la hija, que vive con ella; el sábado va el hijo y el domingo se turnan. Para febrero, cuando la cuidadora sale de vacaciones, acordaron con tiempo una reemplazante recomendada por ella misma. Tener ese plan escrito les evitó correr a última hora.
Las reglas de jornada han tenido cambios graduales en los últimos años. Antes de fijar horarios definitivos, revisa la normativa vigente en la Dirección del Trabajo o consulta a alguien que te asesore.
Conversa con calma con quienes postulan
La entrevista es el momento para conocerse. Algunas preguntas útiles:
- ¿Has cuidado antes a personas mayores? ¿Qué tareas hacías?
- ¿Cómo ayudarías a alguien a levantarse de la cama o a bañarse con seguridad?
- ¿Qué harías si mi papá se cae o se siente mal?
- ¿Tienes formación como TENS, cuidadora o algún curso?
- ¿Qué horarios te acomodan y qué necesitas para trabajar tranquila?
- ¿Podemos llamar a alguna familia con la que hayas trabajado?
Si es posible, que la persona mayor participe de la entrevista o al menos de un primer encuentro. Su comodidad y la confianza que se genere son parte central del acuerdo. Pide los documentos de identidad y los certificados de formación por un canal seguro y llama a las referencias con autorización de quien postula.
Si contratas una empresa, pregunta cómo selecciona a su personal, quién supervisa, cómo se cambia a una cuidadora si no hay buena química y a quién llamas si surge un problema.
Prepara una buena inducción
Los primeros días marcan la relación. Prepara una hoja sencilla con:
- La rutina de la persona: horarios de comida, siesta, programas favoritos, gustos.
- Los remedios y cómo se entregan, según las indicaciones del médico.
- Teléfonos útiles: familiares, Cesfam, SAMU 131 y Salud Responde 600 360 7777.
- Qué decisiones puede tomar la cuidadora sola y cuándo debe avisar.
- Dónde están las llaves, los documentos y los materiales.
Evita entregar claves bancarias, tarjetas o acceso a cuentas por comodidad. Si hay compras, acuerden un fondo para gastos con boletas. Es una forma de cuidar a todos.
Cuida también a quien cuida
El trabajo de cuidado es exigente física y emocionalmente. Una cuidadora que puede descansar, que sabe a quién preguntar y que siente que su trabajo es valorado cuida mejor y se queda más tiempo. Pregunta cada cierto tiempo cómo se siente, qué le está costando y qué haría más fácil su día. Si la carga aumenta, por ejemplo porque tu mamá necesita más ayuda de noche, conversa un nuevo acuerdo en vez de sumar tareas de a poco.
Si en tu familia alguien cuida sin recibir pago, puede obtener la credencial de persona cuidadora completando el módulo de cuidados del Registro Social de Hogares; da acceso a atención preferente en algunos servicios. Revisa también la guía sobre cuidados en casa y Chile Cuida.
Deja los acuerdos por escrito
Un contrato o un acuerdo escrito con tareas, horario, remuneración o tarifa, forma de pago, descansos y forma de avisar ausencias protege a ambas partes. Guarda los comprobantes de pago y de cotizaciones. Mantén el cuaderno de cuidados (lo que pasó en el día, cómo comió, cómo durmió) separado de los documentos laborales.
Revisen el acuerdo cada algunos meses o cuando cambien las necesidades. Si en algún momento el cuidado en casa deja de alcanzar, eso no es un fracaso: puede ser el momento de conocer residencias o estadías transitorias.
Tu siguiente paso
- Calcula distintas combinaciones de horas en la calculadora.
- Revisa si un centro de día puede cubrir parte de la semana.
- Si buscas apoyo temporal, lee la guía de estadía transitoria y respiro.
- Si el cuidado en casa ya no alcanza, explora residencias por comuna o usa el buscador para ordenar tu búsqueda.